Orbe de Sangre Grants 7 Coins per level and 0.01 Points.

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The last insensate who dared to challenge him was: Nunca ha sido atacado


El Orbe de Sangre, despierta instintos salvajes y primitivos en su poseedor. Le hace más beligerante y peligroso.
Su existencia se encuentra ligada a una terrible historia que aún hoy sigue avergonzando a los humanos. Es más, a pesar de los poderes que confiere, casi ningún ser de la Orden de Luz desea poseerlo.

Por toda Lutaria se escuchan canciones de las proezas de la raza humana. Famosa por su valentía en combate, por sus revolucionarios inventos y por sus apreciadas y valiosas demostraciones artísticas.

Pero hay una canción, que solo las brujas de la Orden de Oscuridad osan entonar durante sus noches de aquelarre. Es la historia de Elizabeth.

Hija única y descendiente de una de las familias más poderosas y acaudaladas de la costa noreste de las tierras conocidas. Elizabeth Vér, tomo matrimonio con Cómodo, un soldado de bajo rango del Ejercito de la Última Sombra.
Curiosamente Cómodo también pertenecía a un importante linaje. Podría ostentar mejores y menos arriesgados puestos en el ejército, pero quienes lucharon con él decían que el combate era su único anhelo y que cercenaba los miembros de sus enemigos de un solo golpe de espada como si un rayo cayese sobre ellos.

En aquel tiempo, las campañas bélicas entre humanos y enanos por la disputa de tierras fueron incesantes. Por este motivo la pareja, cada uno por su lado, buscaba entretenimiento y consuelo carnal a su manera.

Cómodo materializó todas y cada una de las perversiones sádicas que su mente enferma fue capaz de imaginar con concubinas, con doncellas que encontraban en sus caminos y con las viudas de los guerreros que habían masacrado en el campo de batalla.
Elizabeth, lejos de escandalizarse, esperaba con ilusión que su esposo regresase para escuchar estas terribles historias que para ella eran un divertido soplo de aire fresco que la distraía de su monótona vida acomodada entre los muros del Castillo de Belona.

Una tarde se encontraba Elizabeth en sus aposentos siendo peinada por Tatiana, una de sus doncellas. Hacía ya meses que no veía a Cómodo y se preguntaba si con el paso del tiempo su esposo seguiría viéndola interesante y atractiva, pues ya portaba un buen mechón blanco en su cabello y su piel no lucía tersa y firme como la de la muchacha que fue años atrás.
Un descuidado tirón de pelo la distrajo de sus banales pensamientos. Elizabeth se levantó del taburete y abofeteó a su doncella, con tan mala suerte para esta que su nariz sangró y la gota de sangre cayó sobre la mano de su señora. Esta creyó observar que en el lugar donde había caído la sangre su piel parecía rejuvenecida.

Ordenó encerrar a la doncella y cada noche mandaba algún sirviente a visitarla para que le infringiese cortes y recogiese una copa su sangre con la que Elizabeth se ungiría en busca de la belleza eterna.
Tras varias semanas, la doncella superada por su martirio escondió una de las cuchillas con las que cada noche la torturaban y cuando se quedó sola se quitó la vida.
Al día siguiente los sirvientes avisaron a Elizabeth de lo sucedido. Esta se plantó en la celda y ojiplatica observó la macabra escena de la doncella desangrada en su celda como quien observa una obra de arte magistral.

Mandó encerrar a todas las sirvientas jóvenes en las celdas del castillo, solas y desnudas. Y cada noche degolló a una de ellas y se bañó en su sangre delirante de felicidad.
Cuando Cómodo regresó al castillo y su esposa le mostró el dantesco homenaje que realizaba a diario en su ausencia, este se sintió profundamente halagado e instó a Elizabeth a continuar con sus actos incluso realizo macabras aportaciones a los mismos. Y esa misma noche yacieron dentro de la bañera aun llena de sangre de alguna cándida sirvienta.

Cuando en el castillo no quedaron más que hombres y mujeres viejas mandó traer más y más doncellas del exterior. Llegó un momento en que no quedó espacio donde apilar los cadáveres en los sótanos de Belona y el olor a muerte y podredumbre era irrespirable. Así que comenzaron a abandonar cuerpos por los caminos, en el cauce del río, en las cochiqueras de los establos...
El pueblo vivía aterrorizado, corrían historias de monstruos, brujas e incluso vampiros por los pueblos colindantes, ya que los cadáveres no solo se encontraban degollados, también tenían marcas de mordiscos, arañazos y todo tipo de ensañamientos.

La verdad del horror salió a la luz gracias a Crixio, un niño de apenas siete años que logró escapar del Castillo de Belona y contar lo sucedido.
Hasta el último hombre mujer y niño de todos los poblados que rodeaban el Castillo salieron pertrechados aquella noche con antorchas dispuestos a poner fin a la vida de la noble pareja.
El Castillo ardió durante tres días y tres noches. Pasado ese tiempo, un puñado de hombres se adentró en las cenicientas ruinas en busca de objetos de valor que hubieran sobrevivido al fuego, como joyas, cuberterías, armas...
Saquearon cuanto encontraron. Y al llegar a la habitación principal, vieron una inmensa bañera sostenida por unas patas de oro con forma de garra de león. Y dentro de ella los abrasados huesos de los sádicos amantes. Y a la altura del abdomen de Elizabeth una esfera incorrupta, de aspecto desagradable, como si de una piel ajada se tratase, y de la que brotaba sangre en un lento y continuo goteo.
Los hombres no quisieron tocar aquel objeto ni con la hoja de sus espadas. Y lo dejaron abandonado sin más. Algún tiempo después aquel misterioso orbe simplemente desapareció. Y tardó una eternidad en volver a saberse de él.

Lo que nadie pudo contar a los hombres es que aquel Orbe de Sangre era el fruto del amor demente entre Cómodo y Elizabeth que la noche en que todo se convirtió en fuego estaba a punto de dar a luz a su primogénito.


 
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